José Sacristán lee el siguiente poema de traducción libre de Rudyard Kipling con la música de la BSO de "Tiempos de gloria":
Si puedes mantener la cabeza sobre los hombros,
cuando otros la pierden y te cargan su culpa.
Si confías en ti mismo aun cuando todos de ti dudan,
pero aún así tomas en cuenta sus dudas.
Si puedes soñar, y no hacer de tus sueños tu guía,
si puedes pensar sin hacer de tus pensamientos tu meta;
si triunfo y derrota se cruzan en tu camino,
y tratas de igual manera a ambos impostores.
Si puedes hacer un montón con todas tus victorias,
si puedes arrojarlas al capricho del azar, y perder,
y remontarte de nuevo a tus comienzos sin que salga de tus labios una queja.
Si logras que tus nervios y el corazón sean tu fiel compañero,
y resistir, aunque tus fuerzas se vean menguadas,
con la única ayuda de la voluntad que dice: "Adelante".
Si ante la multitud das a la virtud abrigo,
si aún marchando con reyes guardas tu sencillez,
si no pueden herirte ni amigos ni enemigos,
si todos te reclaman y ninguno te precisa.
Si puedes rellenar un implacable minuto con sesenta seguntos de combate bravío,
tuya es la tierra y sus codiciados frutos,
y lo que es más,
serás un hombre, hijo mío.
cuando otros la pierden y te cargan su culpa.
Si confías en ti mismo aun cuando todos de ti dudan,
pero aún así tomas en cuenta sus dudas.
Si puedes soñar, y no hacer de tus sueños tu guía,
si puedes pensar sin hacer de tus pensamientos tu meta;
si triunfo y derrota se cruzan en tu camino,
y tratas de igual manera a ambos impostores.
Si puedes hacer un montón con todas tus victorias,
si puedes arrojarlas al capricho del azar, y perder,
y remontarte de nuevo a tus comienzos sin que salga de tus labios una queja.
Si logras que tus nervios y el corazón sean tu fiel compañero,
y resistir, aunque tus fuerzas se vean menguadas,
con la única ayuda de la voluntad que dice: "Adelante".
Si ante la multitud das a la virtud abrigo,
si aún marchando con reyes guardas tu sencillez,
si no pueden herirte ni amigos ni enemigos,
si todos te reclaman y ninguno te precisa.
Si puedes rellenar un implacable minuto con sesenta seguntos de combate bravío,
tuya es la tierra y sus codiciados frutos,
y lo que es más,
serás un hombre, hijo mío.




