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¿Sabías que...
"El señor de los mosquitos" está a punto de cumplir los 2 años? Durante este tiempo, se han producido 218 entradas, más las 173 de "Picaduras", las 53 de "Inefable" y las más de 300 de blogs desaparecidos.
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Tiempos de gloria

martes 14 de julio de 2009



José Sacristán lee el siguiente poema de traducción libre de Rudyard Kipling con la música de la BSO de "Tiempos de gloria":

Si puedes mantener la cabeza sobre los hombros,
cuando otros la pierden y te cargan su culpa.
Si confías en ti mismo aun cuando todos de ti dudan,
pero aún así tomas en cuenta sus dudas.
Si puedes soñar, y no hacer de tus sueños tu guía,
si puedes pensar sin hacer de tus pensamientos tu meta;
si triunfo y derrota se cruzan en tu camino,
y tratas de igual manera a ambos impostores.
Si puedes hacer un montón con todas tus victorias,
si puedes arrojarlas al capricho del azar, y perder,
y remontarte de nuevo a tus comienzos sin que salga de tus labios una queja.
Si logras que tus nervios y el corazón sean tu fiel compañero,
y resistir, aunque tus fuerzas se vean menguadas,
con la única ayuda de la voluntad que dice: "Adelante".
Si ante la multitud das a la virtud abrigo,
si aún marchando con reyes guardas tu sencillez,
si no pueden herirte ni amigos ni enemigos,
si todos te reclaman y ninguno te precisa.
Si puedes rellenar un implacable minuto con sesenta seguntos de combate bravío,
tuya es la tierra y sus codiciados frutos,
y lo que es más,
serás un hombre, hijo mío.

Sentir

viernes 10 de julio de 2009

"A veces, no hacemos las cosas que queremos hacer solo para que los demás no sepan que queremos hacerlas"

Esa frase de la película "El bosque" me ha dado que pensar. No soy un buen escritor de poesías, pero anoche, de madrugada, me salió esto. Dispensa el poco estilo y la posible vacuidad de sus palabras, pero cuando habla el corazón, es difícil domar los pensamientos. La música me ayudó a pensar. Quizás a ti te ayude a comprender lo que aquí escribo.



Siento sentir algo por ti.
Siento saber de tu indiferencia,
luchar por cada lágrima que me haces llorar.
Siento tu voz dentro de mi cabeza.
Siento tu respiración dentro de mi corazón.
Y aun así, lo siento.

Siento haberte causado algún problema.
Incluso siento que hayas tenido que pensar así.
Siento sentir todo esto y más.
Todo porque tú no sientes nada por mi.

Si siento así es porque quiero dejar de sentirme mal.
Si siento así es porque quiero que tú te sientas bien.
Si siento así es porque ya no te oigo hablar,
reír, llorar, o tan solo respirar.
Un susurro, una caricia, un grito o aunque fuera,
un recuerdo furtivo que olvide de forma fugaz.

Pero nada parece que sienta ya.
Oídos sordos a mis gritos de ayuda,
ojos ciegos ante mi ser y estar.
Caigo y nadie me ayuda a levantar,
caigo a sabiendas de que no me quieres ayudar.

Sin sentirte, te siento;
como el que busca sabiendo que nada va a encontrar.
Como si aún la esperanza sirviera de algo,
como si creyera en vano que me fuera a curar.
Mis heridas no se cicatrizan,
¿Para qué? ¿Importa ya?

Me siento identificado dentro de ti.
No escribo cuando siento,
no vivo cuando dejo de sentir.
Y aún así, te quiero,
porque siento sentir algo por ti.

Lo eres todo para mi. Creo en ti. Y te echo de menos.

Buenos Aires

jueves 9 de julio de 2009



Vertiginosa y única desde el primer disparo. Un movimiento que rozaba cada pentagrama, un fino tacto con el suelo... y la música tuvo al fin cuerpo y alma. Suelto el cabello al viento, cada vuelta sobre sí misma es un vuelco al corazón de quien se atreve a contemplarla durante aquel baile infernal. Bailaba un tango. Lo hacía en Buenos Aires. Una rosa roja sujeta el corpiño, una suave mano agarra con firmeza su cuerpo al compás de aquella música.

Se esconde el sol, es una fresca tarde de verano. Suaviza la temperatura una brisa que, con el movimiento, se hace más fuerte. Sin embargo, para los bailarines, parecía no surtir efecto ese clima, ya que el sudor caía a plomo por su concentrado ceño.

Una música que invita a mover el cuerpo. Una música que hipnotiza y cuyas notas te invitan a bailar con una inocente sonrisa. Débil la conciencia de cualquiera, que no puede resistir la tentación del demonio. Somos seres frágiles, y ese sonido, esas notas, nos hacen más frágiles aún.

Mientras tanto, un perro observa a un bebé. Y un café se enfría en manos de un viejo con un sombrero blanco a la cabeza. La luz del sol ya no se refleja en la iglesia que hace esquina en el lugar donde ese corrillo observa atentamente el baile de dos jóvenes al compás de un tango. A sus pies, un sombrero negro muy elegante con una rosa a su izquierda. Dentro de él, varias monedas y algún billete.

Son solo unos minutos, pero los viandantes que se detienen a observar la danza, parecen olvidarse de sus problemáticas vidas durante un instante. Algún atrevido (pocos), se acercan a colaborar con la causa con unas monedas que chocan con las afortunadas que yacen dentro de la tumba de tela.

El semáforo de la calle se pone verde de nuevo, pero ningún coche se da por aludido. Todas las miradas permanecen fijas en aquel intricado laberinto de piernas. Con ese movimiento, se ha levantado la falda de la muchacha. El cabello del hombre, sin embargo, permanece fijo e impasible gracias a los pegamentos capilares que lo mantienen firme, al igual que su puntiagudo rostro en el baile.

Pero la música hace señales de cansancio. Repite su canción y se va diluyendo. El baile finaliza con la mujer entre los brazos del caballero. El pelo se desliza eróticamente hasta casi alcanzar el suelo. El perro deja de mirar al bebé. El viejo se ajusta el sombrero y sorbe su café frío. Nadie se acerca ya a dar la propina a los jóvenes. Se deshace el corrillo, y los coches prosiguen su avance aprovechando la luz ámbar del semáforo que corona la estampa.

Buenos Aires descansa tranquilo. Nadie baila ya sobre sus calles.

SUENA UN FRAGMENTO DEL "LIBERTANGO", DE ASTOR PIAZZOLA. LA FOTO ES UN ANOCHECER EN UN BARRIO DE BUENOS AIRES. LA TOMÉ PRESTADA DE AQUÍ.

Me esperan

domingo 5 de julio de 2009

Flores tronchadas, marchitas hojas
arrastra el viento;
en los espacios tristes gemidos
repite el eco.

Entre las nieblas de lo pasado,
en las regiones del pensamiento,
gemidos tristes, marchitas galas
son mis recuerdos.

(G.A. Bécquer, rima LXXIX)

Vil asesinato en una noche de verano

miércoles 1 de julio de 2009



Aterciopeladas caricias a un instrumento de cuerda susurran al oído de aquel señor en medio de una noche más oscura de lo habitual. Acallantes miradas las de los grillos desde el ventanal, que observan al señor mientras añoran una vida más digna, lejos de los depredadores. Relajantes movimientos de los pelos de la mano producidos por la suave brisa que se cuela a través de la cortina, que también ondula suavemente en un intricado desafío del azar.

Mientras ese baile improvisado tiene lugar, el señor, del cual aún no hemos hallado referencia alguna, mata a sus hijas lentamente.

Una tras otra, con el semblante despedazado, caen heridas de muerte cual palabras en un verso por todos conocido. Allí, quedan olvidadas a su suerte, y finalizan su enigmática vida a los pies de quien las engendró, que sonríe burlonamente tras cometer esta deleznable fechoría.

Unos grandes dientes blancos se perciben en el instante que aquel asesino esboza una vil sonrisa en su gesto, antes inerte; ahora cruel y despiadado. Sin el menor remordimiento, vuelve a empuñar las tijeras, antaño, arma homicida; para acabar con la tercera de sus hijas. La más joven aguarda temerosa su momento, con una inconsciencia infantil indescriptible por un servidor.

Y en el do más agudo de aquella melodía mortal, el hombre clava sus tijeras en el corazón de su hija, arrebatando su vida de un plumazo.

Pero su ofensa no finaliza ahí: bajo una mirada penetrante, se esfuerza en despedazarla hasta que puede escuchar cómo alguna de sus partes choca contra el inerte suelo.

El asesino deja al momento el arma homicida en la mesa, se apoya en su robusto sofá de tono liláceo, y alcanza con su mano izquierda el whisky on the rocks que ya se erige como testigo único de la matanza.

Tras sorber un generoso trago, cierra los ojos, y ahí se mantiene, callado, en una dantesca estampa, durante unos minutos. Tensa espera que finaliza cuando abre de nuevo los ojos y observa de reojo, como con rabia, su antigua máquina de escribir. Máquina con la que creó las tres historias que yacen despedazadas a sus pies.

Y es que... el escritor había acabado con sus más recientes obras. Unas historias que, de haberse publicado, hubieran revolucionado el panorama literario. Sin embargo, el destino ha querido que durante aquella oscura y plomiza velada, dejaran de existir para siempre. Sin lugar a dudas, un vil asesinato en una noche de verano.


CUÁN FRÁGIL ES LA VIDA DE UN RELATO. ESTE ASESINATO TIENE LUGAR BAJO LA CADENCIOSA MELODÍA DEL "VALS TRISTE" DE JEAN SIBELIUS.

El paraíso

lunes 29 de junio de 2009

Reflexión

sábado 27 de junio de 2009